Ruta de senderismo desde Valdevaqueros a Bolonia

Cádiz

Aprovechando los últimos días de agosto, Vidorra Experience se traslada a su segunda casa: Cádiz. Cinco días de sol, playa, poniente, olas, rutas de senderismo y buena gastronomía ponen el broche de oro a las vacaciones de verano.

La primera ruta que nos decidimos a realizar es la que nos lleva desde la playa de Valdevaqueros a la playa de Bolonia. Planteamos recorrer los 9 kilómetros que las separan por el litoral así que lo primero que hacemos es mirar el parte de mareas (Tabla de mareas ) Es la primera vez que lo miramos y descubrimos lo útil que nos resulta!! La hora de comienzo de la ruta coincide con la pleamar, pero tenemos la suerte de hacerla el día con menos coeficiente del mes! Así que después de un gran desayuno, nos ponemos en marcha.


Comenzamos en la misma puerta de  Valdevaqueros. Encontrar tanto la playa como el Tumbao tan tranquilos nos parece hasta raro. Unas horas antes era casi imposible hacerse un hueco para disfrutar aquí del ocaso.



Son las 10:30 de la mañana y el cielo se nos presenta más que gris. Así que disfrutamos del fresco paseo mientras nos acercamos a la duna de Punta Paloma. 


Seguimos avanzando hasta llegar a los famosos barros. Es común encontrarse a más de uno paseando por la playa envuelto en una capa de barro gris. Esta mañana, no hay nadie, está vacío.


El camino que encontramos a partir de ahora es una auténtica delicia. Calas de arena blanca y aguas transparentes, playas virgenes rodeadas de pinos donde la única presencia es la nuestra. El sentimiento de descubrir sitios nuevos y de estas características nos hacen imaginarnos a los primeros pobladores. ¿Qué sentirían al llegar a un destino así? Probablemente creyeran haber encontrado el paraíso. Y lo cierto es que no iban desencaminados…



La pleamar nos impide cruzar una de las partes del recorrido, así que escalamos por donde podemos y seguimos nuestro camino entre matorrales y arena de la duna.

Llegamos a uno de los numerosos búnkers que aún quedan por la costa y disfrutamos de las vistas desde esta altura. El dia se va despejando poco a poco y tras el color gris, el azul celeste va adueñándose del cielo.

Seguimos avanzando y llegamos a las piscinas de Bolonia. Imposible resistirse a un baño en estas aguas, tan limpias como naturales, lo único que encuentras son peces y algas.


Durante todo el trayecto encontramos restos de al menos una docena de embarcaciones y cayucos que en su día llegaron a la costa. Sin embargo en esta parte lo que nos sorprende son dos preciosos barquitos de vela esperando sobre la arena a que suba la marea y los saquen a navegar.

Lo que encontramos en la siguiente cala, nos llama también la atención. Decenas de piedras se posan unas encimas de otras en perfecto equilibrio formando un bosque zen. Arte efímero (así es como lo llaman) que trata de hacernos reflexionar sobre el punto de equilibrio y paz que todos tenemos en nuestro interior…

Nos estamos acercando a Bolonia y se nota en el número de personas que nos vamos encontrando en nuestro camino. Nos acercamos y aparece la gran playa de Bolonia con su duna al fondo. No importa cuantas veces hayas estado aquí ni cuantas veces hayas trepado a la cima de la duna, cuando llegas, te quedas sin palabras.


Paramos en Las Rejas para retomar fuerzas. Nos hemos ganado unas tortillitas de camarones, un atún encebollado y unas deliciosas croquetas de choco acompañadas de una copita de Tierra Blanca!

Y como buenos españoles que somos, después de almorzar, toca reposar. En el camino de regreso, encontramos cobijo bajo la sombra de los Pinos. Echar la siesta al aire libre, resguardados del sol y disfrutando de la costa marroquí frente a nosotros es un verdadero placer.


Seguimos con nuestra ruta. Nos bañamos en las piscinas de Bolonia y vamos deleitándonos con el paisaje y los colores que proporcionan el atardecer.


En total hemos estado más de seis horas en ruta (con fotos, almuerzo y siesta incluídos!) y ahora toca ver ocaso. Para ello tomamos asiento en las cómodas tumbonas del Tangana, ya en Valdevaqueros, y con un mojito en la mano, despedimos un día redondo!


Y mañana, seguimos de ruta! ¿Nos acompañáis vidorr@s?!

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Vidorra cycling

Cádiz

Comienza marzo… y huele a primavera. Llegó cargado de sol, luz, y calor; tres componentes básicos de la vida en el SUR. La gente sonrie, los dias son más largos, y las ganas de vidorrear son mayores. 

 Aprovechamos cualquier momento que nos brinde la semana para preparar una vidorra experience. Según nuestro meteorólogo fiel: windgurú, el pasado miércoles 11 de marzo se iban a dar las condiciones perfectas para una ruta en bici. 

 Y así hicimos, planeamos una ruta entre el pueblo de Tarifa y el Santuario de Nuestra Señora de la Luz. Diez kilómetros de ida de diez de regreso, que fue puro deleite. 



 El campo tenía un verde tan intenso que se asemejaba a un paisaje asturiano o cántabro. Las retintas pastando y un olor a primavera penetrante, era pura energía. 

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 Al llegar al Santurario tomamos un descanso, y visitamos su patio interior. 



La virgen de la Luz es venerada entre los Tarifeños. Una sala del costado del edificio, está reservada para encenderle unas velas a la Virgen y pedir su protección. 



 Las vistas desde tan privilegiado lugar eran impresionantes. Al estar cerca del mar, podíamos ver al fondo el océano atlántico, precedido de una alfombra verde, como terciopelo. Y coronando esta panorámica Marruecos.



 ¿Qué más decir? SImplemente invitaros a que visitéis estos divinos lares.

Feliz marzo Vidorr@s!

Pilas Alcalinas de Cádiz

Cádiz

Como ya habéis podido comprobar somos unas enamoradas de Cádiz. Su luz, los paisajes verdes y marinos, y su gente, son una absoluta recarga de energía cada vez que lo disfrutamos.

La mezcla de amigos, sol, playa, campo, buena conversación, y buen comer hacen que un fin de semana improvisado sea un chute de buen rollo para comernos la próxima semana.

Todo empezó el viernes, salimos del trabajo, nos encontramos con parte del grupo que venía de Granada, y buscamos una venta por la ruta del toro para comer un platito de cuchareo.

La elegida fue Venta El Frenazo, en Los Barrios. Cuando el camarero dijo: “tenemos potaje de tagarninas“, nadie dudó un segundo. Con estos últimos días tan fríos de enero, el cuerpo nos pedía algo calentito.

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Tras una comida deliciosa acompañada de conversaciones e ideas de nuevos proyectos, dimos una vuelta por los Alcornocales. Parte de los amigos no conocían la zona, y les llevamos a ver la mítica “Montera del torero“.

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Escalamos hasta alcanzar la gruta que se esconde en la parte más alta de la roca.

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Era una habitación perfecta para sentarse a charlar, y disfrutar del atardecer desde esa ventana.

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Y así comenzó el finde…

Continuamos el sábado en Tarifa, absortos por elesplendido dia. No se movia ni un molino, algo realmente raro en esta zona. La mañana se presentaba fria, pero pronto se torno en una pseudoprimavera.

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Recorrimos la costa tarifeña desde El Balneario hasta Punta Paloma: pasear por las infinitas playas, subir a las dunas y disfrutar con amigos de un tranquilo día de playa en pleno invierno desde luego no tiene precio.

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El domingo amaneció con un sol resplandeciente y así, animados a seguir de ruta, nos dirigimos a Barbate, otro de nuestros destinos predilectos. Nos decidimos por recorrer La Breña, desde Barbate hasta Caños de Meca. Los 7 kilómetros que separan estos dos pueblos transcurren entre verdes pinos y sobre un camino de arena blanca.
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La primera parada la hacemos al llegar a la torre …. Es inevitable asomarse y contemplar los acantilados. El azul turquesa del agua permite ver el fondo rocoso y el día es tan claro que podemos distinguir tanto la costa de Marruecos como Atlanterra a lo lejos en dirección Tarifa.

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Continuamos el sendero hasta descubrir entre los pinos el Faro de Trafalgar. Es justo en ese punto donde, a lo largo del mar, se dibuja una franja blanca que indica el lugar de la lucha entre el Poniente y el Levante que está a punto de saltar!

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Llegamos al final del sendero y emprendemos el camino de regreso, no sin parar antes a disfrutar de las vistas del mar que nos acompañan durante el recorrido.

Y así, rodeados de naturaleza, amigos y buena energía despedimos este fin de semana más propio de primavera que del mes de enero, pero claro… Si es que vivimos en Andalucía no?!
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