Un paseo bajo la lluvia de Jerez de la Frontera

Cádiz

Amanecemos con el tintineo de las gotas de lluvia sobre la ventana de nuestra habitación. Descorremos la gran cortina amarilla y nos encontramos un cielo gris, nuboso y amenazante de tormenta. Abrimos la ventana y el dulce olor a lluvia nos refresca los sentidos. La primavera está al caer y hace su entrada mojando los suelos y campos de la tierra del vino fino!

  

Aunque puede sonar un plan no muy atractivo para vidorrear, enfundados en nuestras botas y ataviados con nuestros paraguas salimos a descubrir Jerez de la Frontera

Comenzamos el día desayunando como Dios manda! Un buen café, zumo de naranja y un mollete de jamón ibérico con salmorejo que quita el sentío. Esta versión andaluza de ‘la catalana de jamón‘ es todo un acierto! 

El tiempo aguanta, y aunque está lloviendo no nos impide disfrutar de las maravillas del casco histórico de Jerez. Una de las primeras paradas es la iglesia de Santo Domingo, discreta por fuera y espectacular por dentro. Si os gusta el estilo gótico, ésta es vuestra iglesia: techos abovedados, arcos de media punta, finas columnas que se alzan queriendo rozar el cielo… Pasear por su interior es transportarte a otra era.  

 

Se puede visitar también su claustro, perfectamente conservado, en el que destacan los arcos del patio. Una maravilla pasear por él. 

Seguimos el paseo por la calle Porvera y la calle Larga, la avenida comercial más importante de la ciudad. Sus palacios han sido remodelados y reutilizados como casas, oficinas e incluso tiendas. Entrar en algunas como Zara o Mango, merece la pena solo para disfrutar de la rehabilitación que han hecho: la ropa de última tendencia se exhibe en patios solariegos y escalinatas de azulejos. Una preciosidad! 

 

Al llegar a la plaza del Arenal, sus suelos empedrados nos acogen y nos guían hasta lo que podría ser un precioso paseo a caballo…si el tiempo acompañara!

Seguimos paseando entre las callejuelas estrechas que nos recuerdan que estamos Andalucía, hasta llegar al Alcázar y sus jardines. El frescor y el verdor que desprenden nos revitalizan para terminar la visita. 

  

Nos despedimos de la catedral que queda custodiada por las bodegas  que han dado nombre a los caldos de la zona. El famoso González-Byass parece querer proteger al gran monumento que tiene a sus espaldas.  

  

Y a vosotr@s, también os apetece una copita de Tio Pepe?!

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Mar y montaña

Málaga

Agosto

Playa las alberquillasSol, calor, verano, Costa del Sol y agosto… Podríamos esperar las playas atestadas de turistas, peleando por un hueco en la arena y con la única música del ruido de los chiringuitos de fondo, pero en lugar de eso, decidimos vidorrear en una de las playas naturales de Málaga, en la playa de Las Alberquillas, en Maro.

Una vez que dejas la autovía y comienzas a bajar a la costa, la carretera se convierte en un gran compañero de viaje: la fábrica de azúcar, el pueblo de Maro, el desfiladero de curvas y calas inaccesibles… Te transportas a otra época, cuando el paisaje de la carretera era la verdadera aventura del viaje.

OleajeParamos en el mirador y nos decidimos por la playa Las Alberquillas, una de las más bonitas tanto si el mar te permite bucear y descubrir su fondo marino como si las olas rompen con tanta fuerza que te advierten que es mejor permanecer en la orilla.

 

 

PanoramicaBajamos la cuesta que nos lleva al paraíso. Sí, todo paraíso requiere de un sacrificio. La bajada es sencilla, 10 o 15 minutos caminando por un sendero de arena y piedra en el que no puedes evitar parar y tomar una instantánea de lo que te espera abajo.

 

 

Hoy and ICuando llegamos a la playa, el ruido del rompeolas es ensordecedor, olas de 2 metros de altura nos reciben con energía arrastrando piedras como si de una batidora se tratara. Tumbados en la arena, protegidos con nuestra sombrilla y con el único ruido del mar de fondo pudimos disfrutar de este enclave natural.

 

 

Bye bye sunEl atardecer nos sorprendió aún en la playa y nos regaló otro de esos momentos en los que basta con estar justo ahí.

FrigilianaLa noche la pasamos en un pueblo blanco andaluz tan pintoresco como encantador, Frigiliana. A tan solo 10 minutos de la playa, nos encontramos en plena unión de las sierras Tejeda, Alhama y Almijara. Campo, cabras montesas, aguacates y mangos decoran el camino hasta llegar a La Posada Morisca, todo un descubrimiento

Palmera Frigiliana Las fabulosas vistas del campo, de Frigiliana y el Mediterráneo de fondo rivalizan con cada uno de los detalles de este acogedor hotel rural. Lavabos de cerámica, lámparas morunas, hamacas en cada una de las terrazas de las habitaciones, música ambiental… Una decoración con estilo y gusto. Desde luego, un lugar de 10.

 

La posada MoriscaLa cena estuvo a la misma altura, ensalada ligera, dorada y atún rojo, obra de Javier, el cocinero del hotel. Listos para terminar el día, nos recostamos en las tumbonas de la terraza de nuestra habitación, pudiendo disfrutar de un cielo cargado de estrellas, buscando alguna que otra constelación. Morfeo vino a buscarnos y, apaciblemente, nos dejamos recoger.