Feria Ganadera

Cádiz

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Vaya sorpresa nos encontramos este fin de semana en Benaocaz! Se ha celebrado la Feria Ganadera Benaocaz 2014, en la Sierra de Grazalema, reserva de la biosfera. Aunque haya sido un fin de semana lluvioso y amaneciéramos en la Sierra de Grazalema con lluvia, el tiempo nos ha regalado uno de los amaneceres más especiales tras la lluvia: un espectacular arco iris doble nos dio los buenos días en la mañana del domingo.
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Tan pronto llegamos a Benaocaz, el ambiente del pueblo comenzaba a hervir: bares llenos de senderista y turistas reponiendo fuerzas tras la caminata, panaderías y pastelerías rebosante de quienes vienen de la ciudad y están ávidos de pan cateto, gañotes y mantecados tradicionales y locales moviéndose por el pueblo en la misma dirección. ‘Allá donde fueres, haz lo que vieres’ dice el refranero popular, así que nos unimos y caminamos en la misma dirección. Llegamos al final del pueblo y sobre una pequeña explanada cabras payoyas, machos cabritos y burros nos reciben bajo la lluvia.
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Como vidorras de ciudad que somos, no acostumbramos a escuchar más que sirenas de ambulancia, de policía y coches, es por ello que el rebuzno de un burro nos atrae hasta verle de cerca.
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Mientras nos entreteníamos intentado alimentar a las cabras, la lluvia apretó y nos obligó a salir corriendo y refugiarnos bajo las carpas de la feria. Allí, degustando el queso payoyo, el vino dulce y disfrutando de los productos artesanales hechos con corcho, piel y bellotas hicimos tiempo para la degustación del guiso de menudillo que era el plato estrella de la feria.IMG_2177.JPG

Paseamos a lo largo de la carpa deteniéndonos en cada uno de los puestos que encontramos e interesándonos por sus productos. Ver la venta de los distintos tipos de leña e imaginar encender la chimenea cada día con un olor distinto, unas tardes a encina y otras a acebuche, nos parece un placer vidorro.
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Terminamos al experiencia recorriendo Benaocaz, paseando por sus calles empedradas y disfrutando de sus rinconcitos. Cada callejuela es diferente y te remonta a tiempos y culturas anteriores. Es fácil imaginarse como se funda por los árabes en el 750 y porqué de su nombre ‘hijos de Ocaz’ , una de las familias árabes que vivió aquí.
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No será la última vez que vidorreemos en estas tierras porque nos hemos quedado con ganas de más!!
Y vosotros, os animáis a descubrirla??IMG_2185.JPG

Los Cahorros

Granada

Septiembre invita a caminar por el campo. Después de un mes de agosto de playa, salitre, olas, y lunares; hemos decidido adentrarnos en la naturaleza. Respirar aromas de higueras, viñas y almendros cargados de sus frutos esperando a ser recolectados, y escuchar el transcurso del río Monachil a su paso por Los Cahorros.

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Antes de comenzar la ruta nos pica la curiosidad de… ¿porqué se llama así: Los Cahorros? Haciendo una búsqueda rápida en Google encontramos en la web de la universidad de Granada: “La palabra Cahorros, en el argot nevadense significa: surcos empinados y escabrosos en las laderas de los cerros.” La web nos recuerda que esta ruta de senderismo, pertenece al parque nacional de Sierra Nevada.

Es toda una sorpresa caminar por este sendero, puentes colgantes, pequeñas cascadas, varios jóvenes intrépidos escalando paredes de roca caliza y una vegetación densa en torno al río Monachil nos acompañan.

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El sendero es circular, en la última parte del mismo dejamos el río a un lado, y el camino se vuelve más árido y caluroso.
Pero la mañana nos guardaba una sorpresa a su paso por Los Cahorros altos. Tremenda sorpresa cuando nos topamos con un centro de apicultura.

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Ver en directo (y a una distancia prudencial) el trabajo del señor apicultor, fue fascinante. Nos instruyó en su trabajo, y como lo tenía que realizar, y nos informó de dónde podríamos encontrar la miel que produce.

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La mañana fue de dulce… Y nunca mejor dicho, pues terminamos probando el rico manjar que nos ofrecen las abejas…

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De nuevo, un ratito de septiembre se convirtió en un momento único!
Remember: Be vidorr@!

Mar y montaña

Málaga

Agosto

Playa las alberquillasSol, calor, verano, Costa del Sol y agosto… Podríamos esperar las playas atestadas de turistas, peleando por un hueco en la arena y con la única música del ruido de los chiringuitos de fondo, pero en lugar de eso, decidimos vidorrear en una de las playas naturales de Málaga, en la playa de Las Alberquillas, en Maro.

Una vez que dejas la autovía y comienzas a bajar a la costa, la carretera se convierte en un gran compañero de viaje: la fábrica de azúcar, el pueblo de Maro, el desfiladero de curvas y calas inaccesibles… Te transportas a otra época, cuando el paisaje de la carretera era la verdadera aventura del viaje.

OleajeParamos en el mirador y nos decidimos por la playa Las Alberquillas, una de las más bonitas tanto si el mar te permite bucear y descubrir su fondo marino como si las olas rompen con tanta fuerza que te advierten que es mejor permanecer en la orilla.

 

 

PanoramicaBajamos la cuesta que nos lleva al paraíso. Sí, todo paraíso requiere de un sacrificio. La bajada es sencilla, 10 o 15 minutos caminando por un sendero de arena y piedra en el que no puedes evitar parar y tomar una instantánea de lo que te espera abajo.

 

 

Hoy and ICuando llegamos a la playa, el ruido del rompeolas es ensordecedor, olas de 2 metros de altura nos reciben con energía arrastrando piedras como si de una batidora se tratara. Tumbados en la arena, protegidos con nuestra sombrilla y con el único ruido del mar de fondo pudimos disfrutar de este enclave natural.

 

 

Bye bye sunEl atardecer nos sorprendió aún en la playa y nos regaló otro de esos momentos en los que basta con estar justo ahí.

FrigilianaLa noche la pasamos en un pueblo blanco andaluz tan pintoresco como encantador, Frigiliana. A tan solo 10 minutos de la playa, nos encontramos en plena unión de las sierras Tejeda, Alhama y Almijara. Campo, cabras montesas, aguacates y mangos decoran el camino hasta llegar a La Posada Morisca, todo un descubrimiento

Palmera Frigiliana Las fabulosas vistas del campo, de Frigiliana y el Mediterráneo de fondo rivalizan con cada uno de los detalles de este acogedor hotel rural. Lavabos de cerámica, lámparas morunas, hamacas en cada una de las terrazas de las habitaciones, música ambiental… Una decoración con estilo y gusto. Desde luego, un lugar de 10.

 

La posada MoriscaLa cena estuvo a la misma altura, ensalada ligera, dorada y atún rojo, obra de Javier, el cocinero del hotel. Listos para terminar el día, nos recostamos en las tumbonas de la terraza de nuestra habitación, pudiendo disfrutar de un cielo cargado de estrellas, buscando alguna que otra constelación. Morfeo vino a buscarnos y, apaciblemente, nos dejamos recoger.