Pedaleando que es gerundio!

Málaga

Preparados, listos… Vidorra!! Con las pilas cargadas en plena Semana Santa, nos escapamos a hacer una rutita en bici por La Gran Senda de Málaga. Comenzamos ataviados con gorras, protección solar y por supuesto, nuestras bicicletas para recorrer desde La Cala del Moral hasta el Muelle Uno

El paseo por la costa es sencillamente delicioso. No hace falta salir a la carretera, ya que todo el trayecto discurre por el paseo y el carril bici. 

  

Atravesamos el último barrio malagueño, La Araña, que frente a su imponente fábrica de cemento, se erige como un pueblito de estrechas y coquetas calles blancas. Seguimos el sendero hasta llegar al Peñón del Cuervo, uno de nuestros rincones favoritos, donde las barbacoas improvisadas empiezan a encenderse  y numerosos grupos de familias y amigos se van concentrando.

Llegamos hasta el Candado y de allí al paseo marítimo del Palo. El bullicio nos acompañará hasta el final de la ruta. Chiringuitos llenos, playas a rebosar y aunque el agua está más que fría, los niños no se resisten al primer baño de la temporada! 

Ateavesar Pedregalejos es otra odisea, así que decidimos parar y tomar alguna que otra instantánea ahora que el cielo se va nublando. 

  

La primera para parada para reponer fuerzas es en uno de los chiringuitos recientemente reformados del paseo maritimo de la capital. Sin lugar a dudas entre los platos de boquerones fritos que nos encantan y las almejitas, nos quedamos con los mejillones al Pil Pil, sí sí, esta versión del clásico plato está tremenda! 

  

Terminamos el paseo llegando a Muelle Uno, donde encontramos uno de los últimos iconos de la ciudad: el Centro Pompidou.

 

En nuestro camino de vuelta solo hacemos un par de paradas. la primera, para disfrutar de un refrescante daikiri de fresa!

  

Y la segunda, para disfrutar del atardecer que se nos regala!

  

 

Así da gusto disfrutar de las vacaciones, o no vidorr@s??

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Ruta de la pasa en Moclinejo

Málaga

Este temporal de viento parece que nos da un día de tregua y aprovechamos para irnos de Vidorra Experience a uno de los primeros pueblos de la ruta de la pasa: Moclinejo



Con no más de 600 habitantes, Moclinejo se ha hecho un nombre gracias a sus preciados caldos elaborados con la dulce uva moscatel. Sus vinos ya gozan del sello de denominación de origen y el turismo enólogo se acerca cada vez más a estos lares. 

Pero no solo de vino vive el hombre, y antes de probar las delicias de las vides del lugar, paseamos por este pequeño pueblo que no está a más de 30 minutos de Málaga. Atravesar sus estrechas calles con el coche es toda una odisea, así que mejor descubrirlas a pie. 

Callejuelas blancas pobladas de macetas se entremezclan con mosaicos multicolor del ‘Gaudí andaluz‘ como se conoce al artista que decora rincones del pueblo con este estilo de teselaciones. 

En nuestro paseo nos sentimos nostálgicos al encontramos una cabina de teléfono ¿Os acordáis cuando parábamos a llamar con una monedilla de cinco duros? Ahora, en lugar de llamar, la fotografiamos y subimos la foto a Twitter! 📷📷 

Seguimos hasta llegar a la Plaza de España, la plaza del ayuntamiento, donde se encuentra abierto uno de los dos restaurantes de Moclinejo, el Restaurante Reyes




Alli podemos degustar unas deliciosas berzas con un tinto de producción propia, el Lagar de Cabrera y unos postres de la casa con un suavísimo vino dulce, Zumbral, del que no podemos resistir a comprar una botellita. Ideal para postres!!! 

Y con el cuerpo entonado nos salimos del pueblo en dirección a las viñas que producen estos caldos. A tan solo 3 kilómetros las encontramos en la colina de la montaña. Si bien no lucen verdes como en septiembre, el paisaje que las rodea es excepcional. Están custodiadas por la Maroma (ahora nevada), la Sierra de Alminara y el Mediterráneo de fondo. Un placer poder disfrutar de estas vistas. 

Vidorr@s, qué os parece la ruta de la pasa, os animáis a descubrirla con nosotras?!

Mar y montaña

Málaga

Agosto

Playa las alberquillasSol, calor, verano, Costa del Sol y agosto… Podríamos esperar las playas atestadas de turistas, peleando por un hueco en la arena y con la única música del ruido de los chiringuitos de fondo, pero en lugar de eso, decidimos vidorrear en una de las playas naturales de Málaga, en la playa de Las Alberquillas, en Maro.

Una vez que dejas la autovía y comienzas a bajar a la costa, la carretera se convierte en un gran compañero de viaje: la fábrica de azúcar, el pueblo de Maro, el desfiladero de curvas y calas inaccesibles… Te transportas a otra época, cuando el paisaje de la carretera era la verdadera aventura del viaje.

OleajeParamos en el mirador y nos decidimos por la playa Las Alberquillas, una de las más bonitas tanto si el mar te permite bucear y descubrir su fondo marino como si las olas rompen con tanta fuerza que te advierten que es mejor permanecer en la orilla.

 

 

PanoramicaBajamos la cuesta que nos lleva al paraíso. Sí, todo paraíso requiere de un sacrificio. La bajada es sencilla, 10 o 15 minutos caminando por un sendero de arena y piedra en el que no puedes evitar parar y tomar una instantánea de lo que te espera abajo.

 

 

Hoy and ICuando llegamos a la playa, el ruido del rompeolas es ensordecedor, olas de 2 metros de altura nos reciben con energía arrastrando piedras como si de una batidora se tratara. Tumbados en la arena, protegidos con nuestra sombrilla y con el único ruido del mar de fondo pudimos disfrutar de este enclave natural.

 

 

Bye bye sunEl atardecer nos sorprendió aún en la playa y nos regaló otro de esos momentos en los que basta con estar justo ahí.

FrigilianaLa noche la pasamos en un pueblo blanco andaluz tan pintoresco como encantador, Frigiliana. A tan solo 10 minutos de la playa, nos encontramos en plena unión de las sierras Tejeda, Alhama y Almijara. Campo, cabras montesas, aguacates y mangos decoran el camino hasta llegar a La Posada Morisca, todo un descubrimiento

Palmera Frigiliana Las fabulosas vistas del campo, de Frigiliana y el Mediterráneo de fondo rivalizan con cada uno de los detalles de este acogedor hotel rural. Lavabos de cerámica, lámparas morunas, hamacas en cada una de las terrazas de las habitaciones, música ambiental… Una decoración con estilo y gusto. Desde luego, un lugar de 10.

 

La posada MoriscaLa cena estuvo a la misma altura, ensalada ligera, dorada y atún rojo, obra de Javier, el cocinero del hotel. Listos para terminar el día, nos recostamos en las tumbonas de la terraza de nuestra habitación, pudiendo disfrutar de un cielo cargado de estrellas, buscando alguna que otra constelación. Morfeo vino a buscarnos y, apaciblemente, nos dejamos recoger.